jueves, 16 de junio de 2016

XIV


Una morgue en el cielo de la boca.


Retumban las explosiones
los pies más cerca del pecho
en el estrecho universo de esta tierra del fuego.
Un estremecimiento
sobreviene a otro,
la cabeza en cueros.

A los labios llega con su pañuelo blanco
la sangre libre, lo único en libertad
con su pequeño oxígeno frío y sin ecos.
La sangre, esta sangre mía, más viva que yo.

Hasta mi boca el llanto acalla
la rabia de mi verbo
las blasfemias a vuestro nombre.

Si no estoy aquí
si bajo estos harapos ya no estoy aquí
quiero llenarme del olor a campo vivo
a aceitunas verdes y trigo seco
a aurora tiznada
al carmín negro de la noche
al patio blanco y salado
en los carrillos de la infancia.

Si no estoy aquí
quiero volver a oír el redoble obstinado
–de mi pecho, del tuyo, qué más da–
las constantes sonoras de un abrazo
las caricias con culpa de los besos
el columpio del aire entre las ramas
la deliciosa canción del mar.

Pero tengo frío,
mi único saldo todavía.
Frío de lápida sin nombre
frío de la palabra Nunca
frío de la memoria que esconde
bajo su alfombra el olvido.


Réquiem por un hombre cualquiera está publicado en Ediciones Vitruvio (2013).

lunes, 25 de abril de 2016

Una luz sobre lo oscuro, Madres Invisibles en DocumentaMadrid 2016

Un año más se abre en Madrid una ventana al mundo que denuncia y descubre, que acerca y otorga, que transgrede y conmociona. Llega a la ciudad del cielo insospechado en primavera, a estas alturas del año en que los mirlos sorprenden al paseante de las mañanas en cualquier esquina consentida por las hormigas de acero, la cita española más importante con el planeta del género cinematográfico documental. Es la hora de DocumentaMadrid 2016.

El XIII Festival Internacional de Documentales de Madrid se abre el 27 de abril con la última perla de un peso pesado en eso de poner en la retina de los espectadores aquello de lo que no se debe hablar porque al poder le resulta molesto: Michael Moore y su "Qué invadimos ahora".


Dicen que en esta edición de DocumentaMadrid las mujeres tendrán un importante protagonismo, con historias de lucha y denuncia de todo tipo. Doy fe, al menos por cuanto conozco. El jueves 28 a las 19.30 horas (el viernes 29, a las 21.30 también se exhibe) una película andaluza que se ha hecho despacio y con buena letra, sumando voluntades y engarzando oficio, virtud y brillantez, tendrá en la Cineteca del Matadero (sede principal del Festival) su estreno mundial. Su camino se antoja largo y exitoso en esto de los festivales internacionales. Al tiempo. Se trata de Madres Invisibles y ha sido dirigida por el gaditano Lorenzo Benítez.

La película trata sobre la lucha de las madres solteras marroquíes por "ser libres", por "dejar de agachar la cabeza y aprender a mirar de frente a sus padres o hermanos", pues las relaciones sexuales fuera del matrimonio en Marruecos son un delito castigado en el Código Penal. Una situación cruel y paradójica de un país con tanto magnetismo como sombras que hará pensar al espectador con esta realidad tan cercana. Madres Invisibles opta al Mejor Largometraje Documental español. Recomendable la cinta y la cita festivalera.



jueves, 18 de febrero de 2016

En el territorio de lo bello


Lo que nos mueve
desde el corazón alado de la sangre,
en la fragilidad que desviste los ojos y los llora
de una lluvia que somos y que asoma,
la cicatriz recién aparecida de unas manos
abreviando bajo el cielo de la boca,
más abajo, en el árbol del cuello, casi hierba, sin aire
en el ahogo y en la conmoción de aquello que no puede desgranarse,
en la belleza y en su lenta daga, clavándose
allí  donde hay materia, espejo, imán,
un corazón como el tuyo capaz de estremecerse
y regresar después vacilante,
aún desnudo a sus asuntos.

(descrituras. Inédito, 2016)


jueves, 12 de noviembre de 2015

Con las mismas manos

Porque has de guardar los cochinos,
y tú sacar a los pavos con las claras del día.
Porque has de arar la tierra para sembrar
más hambre, y quitar las malas hierbas.
Porque has de ventear los garbanzos
pisados, con las mismas manos.
Porque en cuanto anochezca has de ir
a pelar pollos al ensanche,
para ese lujo de cama turca que muele tus huesos.
Porque hay que ganarse un plato
-al menos cada día-,
servir al señorito y a la señora, que son
los que tienen. Con las mismas manos.

Parir a oscuras.

Porque hay que sacar más tierra de la tierra,
qué importa dónde, sacar un jornal
amén del cuerpo de uno.
Porque hay que hacerse viejo para que mañana...
Abrirse a los abrazos que no recibiste,
enseñar a los labios a decir “te quiero”.
Porque hay que ir al médico a por las pastillas,
hacerse otras pruebas por otros dolores,
seguir conociendo el universo desconocido de los ólogos,
arreglar sin letras los papeles,
tomarse la tensión
con las mismas manos.

Porque tienes el veintiuno la espirometría
y el mes que viene -acuérdate- uno de esos médicos
que no aciertas a decir
y pone cables en tu resistencia.
Y después tienen que mirarte los ojos
que no ven de tan cansados.
Y andar como puedas,
a pesar de tu sangre insumisa.
Y porque también tienes que enchufarte
las horas precisas a ese aparato
que te está prolongando la vida y también la muerte.
Con las mismas manos.

Y si quieres gritar, quejarte o maldecir a ningún Dios,
hazlo. Quizá nadie como tú se lo ha ganado.
Aunque lo harás en el sonoro silencio
que interrumpe un suspiro,


con las mismas manos para tanto todo.

Poema de David Morello del libro Retorno de la voz, (Ediciones Vitruvio)